viernes 10 de abril de 2009
Ni la soledad, ni la muerte
Una mujer esta sentada sola en su casa, una tarde gris de otoño, mientras por la ventana se observa al viento elevar en remolino las hojas del viejo ciruelo; de fondo se oye el silbido de una pava anunciando la hora del te.Sabe que no hay nadie más en el mundo: Todos los otros seres han muerto. Primero las plagas, luego las epidemias y desastres naturales, sismos fuertísimos, maremotos de olas gigantes y huracanes de fuerzas descomunales; por ultimo las guerras, al principio por territorio, luego por el alimento, todos peleaban, hombres y mujeres, niños y ancianos; familias se desarmaban por las peleas entre hermanos o padre e hijo; las peleas se desenvolvían por cosas tan simples como pan y agua. Así de a poco desaparecieron todos hasta quedar ella sola; ella, su sombra y su soledad.Golpean la puerta, ella se estremece, hace tiempo ya que no escuchaba ese sonido, ni siquiera recuerda lo que es preguntar “¿Quién es?”, abre de golpe, su corazón se acelera, no hay nadie, solo su sombra y un viento casi helado. Mira hacia abajo, encuentra una botella con un papel escrito dentro, el mensaje decía: “TE AMO DESDE EL PRIMER DIA QUE TE VI, ESTOY A TU LADO AUNQUE NO ME VEAS, TE BESO AUNQUE NO ME SIENTAS, ESTOY CONTIGO SIEMPRE AUNQUE TE SIENTAS SOLA. MUY PRONTO VOLVEREMOS A ESTAR JUNTOS Y YA NADA NOS SEPARARA. ERIC”.Se preparo una taza de te pensando en su viejo amor, recordando esos tiempos tan lejanos, el había sido su gran amor; pero… como había llegado el mensaje a su puerta, el hacia mucho tiempo ya que había muerto. Muchas preguntas y ninguna respuesta. Esa noche se fue a dormir con todas sus preguntas que nunca tendrían respuesta, porque ella nunca más despertó. Era cierto que pronto ella y Eric se juntarían porque ni la muerte los pudo separar.
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